Una característica del Ser Humano es ser un animal migrante, gracias a esto logró poblar el mundo de extremo a extremo, desde las nieves eternas hasta los ardientes desiertos, nunca existió barrera que no superara para invadir la superficie terrestre. De esta forma, la migración ha sido un fenómeno global que ha creado y destruido imperios, ha expandido culturas y establecido grandes e importantes civilizaciones a través de la conquista o la ocupación pacífica.
Este fenómeno ha impactado significativamente a la Humanidad al impulsar el intercambio sociocultural, económico, político e incluso innovatorio en las poblaciones originarias, generando desafíos de integración pero rejuveneciendo la población mediante el mestizaje, prueba fehaciente de estos movimientos.
Actualmente alrededor del 4% de la población mundial continua migrando voluntaria o forzadamente en el mundo, impulsada principalmente por la búsqueda de asilo por conflictos, mejores oportunidades laborales o simplemente por mejorar su calidad de vida. Impactando principalmente en la saturación de servicios públicos, la demanda de vivienda, educación y salud, generando una gran presión social pero también, viene a cubrir brechas laborales, ayuda a mitigar el envejecimiento poblacional al ser en su mayoría jóvenes en edad productiva, lo que estimula el consumo y cubre vacantes en sectores clave fomentando así el emprendimiento y la innovación.
Pero debido a este fenómeno más del 20% de personas en el mundo carecen actualmente de vivienda en condiciones dignas, la escasez estructural de viviendas no se puede solucionar con conceptos de urbanismo, requiere un cambio radical de las condiciones políticas, socioeconómicas y estructurales de la ciudad
El déficit cuantitativo y cualitativo de vivienda es un problema multifacético que va más allá de un problema urbano, es la incapacidad económica para acceder una vivienda digna con servicios básicos, materiales adecuados y poder habitarla, que sustituya el hacinamiento de viviendas precarias en malas condiciones, con pisos de tierra, techos de lámina, cartón, etc., falta de servicios básicos, o riesgo estructural y climático ubicadas generalmente en zonas de riesgo, marginales y vulnerables, con consecuencias graves para la salud y seguridad.
La arquitectura como disciplina puede ser una herramienta de inclusión y apoyo social, pero no puede resolver el problema de vivienda; porque se trata de un problema social sistémico, donde solo los Gobiernos pueden tomar las medidas decisivas para acabar con el problema de personas sin hogar y estar en capacidad de crear mejoras estructurales que garanticen el derecho a la vivienda, plantear soluciones inclusivas, dignas y accesibles que promuevan la reinserción social de todas las personas sin hogar.
Los arquitectos pueden asesorar y participar con las autoridades en la creación de programas coordinados de financiamiento de asistencia gubernamental, redes de apoyo social y comunitario, salud mental, adicciones, asistencia laboral y asistencia legal y gubernamental así como redes de apoyo social y comunitario, bancos de alimentos, ropa, asistencia y redes de apoyo social y comunitario para derivar los recursos adecuados, promoviendo la dignidad y el control personal.
La arquitectura ha contribuido a mejorar el tejido urbano a través de estrategias de planificación, zonificación e integración de espacios públicos, diseño participativo, dignificación de la vivienda, el fortalecimiento de identidades locales, la creación de infraestructura comunitaria y la integración de lo rural y urbano, buscando generar lugares habitables que reflejen la historia y necesidades de sus habitantes.
El diseño de viviendas colectivas, albergues temporales y refugios innovadores, centros de acogida con diseño flexible, buen aislamiento, áreas exteriores y acceso a capacitación laboral o con la reutilización adaptativa de espacios abandonados, que puedan ofrecer viviendas temporales o permanentes, con servicios básicos buena ventilación y luz natural o espacios comunitarios a la medida de las necesidades de la gente, que respeten la dignidad humana y aporten soluciones reales hacia su recuperación e integración.
En resumen, la arquitectura para la periferia busca transformar estos espacios de «zonas olvidadas» a lugares vibrantes y funcionales, a través de la innovación, la participación y un profundo entendimiento de su contexto social y urbano.
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